A menudo los padres tienen muchas excusas a la hora de poner límites en casa pero, sin embargo, una falta de normas y constancia pueden llegar a causar problemas. En este artículo Alicia Pérez Cabrera, psicóloga, nos da unos consejos prácticos a la hora de establecer límites en casa con los más pequeños.

Alicia Pérez Cabrera está Licenciada en Psicología. Completa su fomación profesional con un Máster en Psicología Clínica Infanto-Juvenil, Máster en Psicooncología y experta en Psicología Forense. Alicia actualmente trabaja en la evaluación e intervención con pacientes en edad infantil y adultos.
 
 
 

Para un rato que los veo, yo no quiero ser el/la malo/a”, “me da miedo que no se sienta querido”, “nos da pena porque en el colegio no es el/la líder del grupo y quiero que en casa se sienta importante”, “quiero que tenga lo que yo no he tenido”. Son algunas de las excusas que nos dan los papás cuando preguntamos sobre los límites que ponen en casa.

Nos preocupa el vínculo afectivo que tenemos con nuestros hijos/as, que se sientan queridos y sepan que vamos a estar ahí siempre que nos necesiten, pero sepan cumplir con las normas que se ponen en casa, en el cole y que indiscutiblemente pone la sociedad.

No solo es importante transmitirle nuestro cariño, lo que nos gusta de ellos y que les queremos de forma incondicional, sino que es fundamental también que el niño/a aprenda a recibir una negativa de forma natural y sin que suponga una discusión en casa.

Nuestros hijos deben saber que si hemos dicho a algo que NO, no hay nada que él o ella pueda hacer para que ese “no” cambie a un “si”, y para ello debemos mantenernos firmes. De no ser así, la menor duda sobre si hay algo que él pueda hacer para cambiar el criterio de sus padres, van a probar con distintos comportamientos (llorar más fuerte, gritar, tirarse al suelo, llamar constantemente a sus padres, etc.). Por ejemplo, “si te levantas de la mesa mientras comes, te quedas sin el huevo de chocolate para el postre”. Si el niño/a se levanta al menos una vez, debe quedarse sin el postre del que hemos hablado. Tenemos la opción de elegir nosotros su postre, o bien que por comerse todo el plato, pueda elegir él entre varias cosas, pero nunca el huevo de chocolate, que ya lo ha perdido desde el momento en el que se levantó. Si por insistencia del menor llorando, por agotamiento del adulto, por miedo a que los vecinos protesten, etc., el niño/a consigue su huevo de chocolate, probará con ese comportamiento la próxima vez que digamos “NO”. Esto acompañado por un tono de voz afectiva pero firme, expresiones de cariño, y el reconocimiento de todas aquellas cosas que nos gustan de nuestros hijos y que hacen bien, nos garantiza que no hemos perjudicado su autoestima y sabrán lo importantes que son para nosotros.

¿Por qué es importante poner límites?

–          Los límites les ayudan a diferenciar lo que está bien de lo que está mal, los padres debemos mostrar de qué forma se deben hacer las cosas. Lo primero que debemos tener en cuenta es que nosotros somos su ejemplo, si queremos que aprendan a controlar sus impulsos, debemos transmitir autocontrol también cuando estamos enfadados.

–          Es aconsejable que los niños/as aprendan desde pequeños a tener paciencia. A lo largo de su vida, no van a conseguir las cosas que quieren en el momento en el que desean, por lo que debemos enseñarles a tolerar la frustración de no tener la recompensa cuando ellos la desean sino cuando se les ha dicho que la van a recibir.

–          Tener claro los límites tranquiliza a los niños, saber qué consecuencias tienen sus actos no les da opción de ir probando nuevos comportamientos o rabietas para retar a sus padres. De ahí la seguridad en sí mismos y en sus padres, una secuencia lógica de sus actos, saber que después de un “no” no hay enfrentamiento, que si me salto el límite hay una consecuencia y no por eso me quieren menos, sino hace que se sientan protegidos.

–           Asumir las normas en casa facilita la adaptación a las normas sociales, la integración del menor en la sociedad y mejora la convivencia con los demás.

¿Cómo deben ser las normas o límites?

Con el objetivo de que la norma sea eficaz, debemos adecuarla al nivel de desarrollo del menor. La edad del niño/a y su capacidad para atender y entender lo que le estamos pidiendo son fundamentales a la hora de poner pautas en casa. De no ser así, podemos cometer el error de exigir tareas que estén fuera de su alcance, algo que además puede provocar angustia en el niño/a si observa que no cumple nuestras expectativas.

Debemos adaptar también el número de instrucciones que vamos a dar a nuestro hijo en el momento evolutivo en el que se encuentre. Es aconsejable dividir en grupo las tareas a realizar, así tendremos más probabilidad de que se cumplan y, además, podremos premiar al niño/a, provocando así que el comportamiento se repita. Por ejemplo: “termina de merendar y recoges el zumo” en lugar de “termina la merienda, recoge la mesa, lávate los dientes y saca los deberes”. A última forma, es probable que se distraiga en alguna tarea.

La forma de transmitir una norma influye directamente en el comportamiento del menor. Debemos ser claros y firmes de manera que el niño tenga la misma confianza en la norma que tienen sus padres. Si mostramos duda ante nuestra propia pauta, el niño probará a ver qué pasa si se la salta, si las pautas son estables, nuestros hijos no se cuestionan respetarlas, por lo que no debemos ser cambiantes. Esto no quiere decir que seamos inflexibles, si normalmente hay que acostarse a las 21:00 horas, podemos explicar al menor que el sábado nos podemos saltar esta norma porque estamos en fin de semana y no es necesario madrugar, mostrando cierta flexibilidad. En ningún caso el argumento por el que ponemos un límite a un hijo/a puede ser “porque yo lo digo”. Es más fácil obedecer a explicaciones lógicas y consecuencias reales que a argumentos dictatoriales, que pueden a su vez volver en nuestra contra cuando el menor nos argumente una decisión diciendo “porque yo lo digo”. No podemos olvidar que somos el ejemplo de nuestros hijos. El niño debe saber qué va a pasar si se comporta de una forma u otra, debe conocer las consecuencias de sus actos, premios o castigos que debe saber de antemano y deben estar adaptados a su nivel evolutivo.

La forma en la que nuestros hijos manifiesten su malestar varía a medida que mejora la tolerancia a la frustración y el autocontrol.

 

Muchas gracias a Alicia por compartir su experiencia y sugerencias con nosotros.

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